Nadie había cantado rock con un tono pleno de barítono como Morrison. Nadie incitaba al sexo tan claramente como él. Nadie escribía tantas imágenes en una canción.
Pero Morrison se cansó rápidamente de ser ídolo, engordó, se dejó la barba y, finalmente murió a los 27 años en París, donde había ido para escapar de la cárcel, de un infarto, junto a su mujer de siempre, Pamela.
Hoy Morrison reposa en el Cementerio de Pere Lachaise junto a Edith Piaf, Honoré Balzac, George Bizet, Oscar Wilde y Chopin. Su tumba, donde se lo define como poeta, es visitada por fans de todo el mundo y la tradición dice que hay que tomar un trago de whisky y echar el resto de la botella a la tierra, para él.
Quizás no necesitaba más, había resumido, en el segundo disco de los Doors, lo que pensaba su generación : "Queremos el mundo y ! y lo queremos ya !".




